sábado, 15 de agosto de 2009

Homo homini lupus

La muerte de Sócrates

Por Marco Antonio Madrid

Se puede engañar a algunos todo el tiempo, y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
Abraham Lincoln.


Después de conquistar la ciudad, el califa Omar llegó a la biblioteca y pensó: si estos libros ya están contenidos en el Corán, son innecesarios. Si no están en el Corán, son heréticos. Y mandó a quemar la biblioteca de Alejandría por superflua o por hereje.

En Honduras, Roberto Micheletti afirma que el pueblo eligió al Congreso y el Congreso lo nombró a él presidente. Por consiguiente, ha sido electo por el pueblo. Es claro que tanto el razonamiento dubitativo del califa como el silogismo del golpista son errados por provenir de premisas falsas. No hay ningún numeral del artículo 205 de la Constitución que señale la elección del presidente de la República como atribución potestativa del Congreso Nacional. “El presidente y tres designados a la presidencia de la República serán elegidos conjunta y directamente por el pueblo por simple mayoría de votos”, anuncia de manera taxativa el artículo 235 de la Constitución. Micheletti sabe esto, pero prefiere porfiar compulsiva y patológicamente en la mentira.

Una mentira muy bien argumentada puede pasar por verdad y una verdad puede transformarse en mentira, ya que el hombre es la medida de todas las cosas, decían con cierto grado de inmoralidad los antiguos sofistas a los que Aristóteles acusaba de hacer dinero con una ciencia aparente, y a los que Sócrates combatió afirmando que si el hombre es la medida de todas las cosas, no es por su individualidad variable y egoísta, sino por su razón universal. No es que quiera afirmar aquí que Micheletti y sus adláteres sean Protágoras, Gorgias o Hipias de Helis. No: los sofistas por lo menos fueron útiles al desarrollo de la filosofía y los golpistas son sociópatas, mercaderes de oro y de almas, seguidores de aquella máxima del nazismo: “Repite una mentira cien veces y pasará por verdad”.

Mientras algunos banqueros oligarcas pagan a empresas gringas por cabildear –hacer lobby- a favor del golpe de Estado dentro de las esferas políticas en Washington, otros se afanan en construir y propagar mentiras, como el caso patético de Ramón Bermúdez –no escribo Villeda para no ofender la memoria de su padre-, que con pluma ociosa acaba de publicar 14 disparates a los cuales llama razones, y con los que fallidamente procura justificar lo injustificable –sólo para él y sus compadres lo del 28 no fue un golpe-. En otro artículo habla de tapas, maras y tupamaros, quedándose muy en la superficie, sobre todo en el concepto de maras, ya que estos jóvenes pandilleros y sus actos delictivos tienen su asidero principal en la injusticia, en la inequidad social provocada por las otras maras, las de cuello blanco, la de los políticos que han vivido siempre del Estado, maras a las que Bermúdez pertenece y, como es normal, defiende. Hugo Chávez nada tiene que ver con que Honduras sea el feudo particular de cinco o siete familias de mareros de cuello blanco, Hugo Chávez nada tiene que ver con el atraso, la miseria y la pobreza histórica en nuestro país. Pretender que Hugo Chávez es el responsable de la crisis actual es a todas luces un razonamiento falaz para continuar enarbolando la mentira más utilizada antes y después del golpe de Estado.

En una entrevista concedida recientemente a un periódico español, el cardenal afirma: “La Constitución dice con mucha claridad que el jefe de Estado que proponga un cambio para poder seguir en la presidencia cesa de inmediato en su cargo”. Hay millones de hondureños que quieren una nueva Constitución, hay otros que no la quieren. Ésta es una realidad que nadie puede obviar ni soslayar. Y cuál es la forma civilizada de dirimir una disputa en democracia sino la votación libre. Eso intentó hacer el Gobierno, pero los oligarcas y seudocristianos eligieron la vía incivil, la de las armas del gorilato. En noviembre, el pueblo elegiría, además de alcaldes y diputados, un nuevo presidente. Si hubiera ganado el sí, la Constituyente habría sido instalada por un nuevo mandatario. ¿Dónde está entonces el continuismo? ¿En la reelección presidencial definida y aprobada por una nueva Constitución? ¡Pero si las mismas posibilidades tendrían Callejas, Maduro, Facussé y los otros representantes de la burguesía!

Creo que en el fondo lo que existe es miedo al voto popular, ya que los ex presidentes y posibles candidatos oligarcas son repudiados por el pueblo. No quisieron correr el riesgo pues se acordaron de las derrotas de los oligarcas en Venezuela, Bolivia y Ecuador y en vez de las urnas optaron por las armas. En la misma entrevista, el cardenal califica como una turba a los hondureños que acompañaron al presidente Manuel Zelaya a la base aérea donde estaba el material electoral. A las manifestaciones de los blanquitos las llama marchas o marchantes por la paz. Note usted la diferencia entre las cargas semánticas de las palabras turba y marcha. Es el concepto que este “hombre de Dios” tiene de los pobres.

El obispo Darwin Andino declara que las muertes ocurridas en Honduras a manos de las fuerzas represivas del Estado “no son nada al compararlas con los muertos en China y Nigeria que suman más de 200 y 300 sólo en una semana”. Creo que estas declaraciones del obispo no precisan de ningún comentario, pues sus palabras traslúcidas dejan al descubierto el pensamiento piadoso de esta otra “alma del señor” y émulo del cardenal.

Rafael Pineda Ponce -auténtico continuista que se ha hecho longevo usufructuando el poder político en Honduras- afirma que “Insulza nos juzgó y nos condenó sin oírnos y sin vencernos en juicio”. Como si a Manuel Zelaya, siguiéndole el debido proceso, lo vencieron en juicio. Lo sacaron a punta de rifles y ahora el anciano pide cacao. ¡Vaya descaro! Muy inclinados son los viejos al vicio de la mentira, decía Shakespeare.

“Nadie por grande que sea su cargo puede estar por encima de la ley”, repite otro golpista con aire sentencioso y alto grado de cinismo. Como si los hondureños no supiéramos que en nuestro país ningún ciudadano puede enfrentar con las leyes a alguien con poder político y sobre todo económico.
Las fuerzas represivas del Estado se vuelven cada ves más fascistas, infiltran las marchas de la resistencia para causar desorden y poder reprimir abiertamente, usan de carnada al vicepresidente del Congreso sacándolo de paseo entre los manifestantes, luego lo ”rescatan” previa foto que ha de salir publicada otro día en la primera plana de los periódicos golpistas.

Utilizan los bajos del Congreso como prisión, lanzan gas pimienta sobre la cara de mujeres indefensas, golpean a periodistas extranjeros, maltratan a niños y ancianos, vejan, mancillan, ultrajan… Cuánta razón tenía el maestro Eliphas Levy al sostener que la afirmación absoluta del desorden y el mal es esencialmente la mentira.

sábado, 8 de agosto de 2009

«patria de la espera».

Por Helen Umaña

«Nosotros estamos hechos de la misma materia de los sueños»
--Shakespeare--

El 2 de agosto, el parque central de San Pedro Sula vibró de arte y poesía. La bien timbrada voz del cantante popular recreando canciones coreadas por el público. El cuentista oral, hábil en la construcción de hiperbólicas perras, satirizando a políticos mentirosos. El poeta de versos sencillos apuntando a blancos certeros. La escritora con agudos dardos verbales explicando sus razones de inconformidad. El trazo cuestionador del caricaturista desenmascarando a funcionarios traidores al pueblo. El pintor, pincel en ristre, dibujando el rostro dolido de la patria. El tambor garífuna cantando su rebeldía. El mural con el registro fotográfico del maestro masacrado. Teatristas… Músicos… Todos, palpitando al unísono con el sentir de la mayoría de la población. Agrupados bajo la divisa «Golpe al golpe», en honor a Roger Bados, los escritores y artistas de la zona norte realizamos un acto cultural en el cual, con esas armas intangibles pero poderosas que son los poemas, las canciones, los murales, las caricaturas y las danzas, expresamos un conjunto de sentimientos frente a la crisis social y política a que nos ha orillado la dictadura militar-empresarial. Considerando que la fractura del orden constitucional del 28 de junio constituye una bofetada a la soberana voluntad popular manifestada en las urnas y la cual le dio a Mel Zelaya un legítimo mandato como gobernante de Honduras, he aquí las razones de mi participación en «Golpe al golpe». Solidaridad con los hondureños caídos durante la actual lucha cívica. Nos duele cada gota de sangre derramada. Vidas útiles y hermosas segadas por la furia represiva. No podemos callar o celebrar su muerte como lo han hecho otros que se proclaman cristianos. Inclusive, su bárbara inmolación ratifica nuestro compromiso con esta Honduras «magnífica y terrible». Respeto absoluto a la dignidad del ser humano. No transigimos con el atropello o la conculcación de cualquiera de sus derechos. Sobre todo, abogamos por el respeto a la vida. Su corte brutal y violento, en un terrífico cómputo que, en este momento, amenaza con subir sus cifras al extenderse a cualquier miembro de la resistencia, nos provoca sufrimiento, repudio e indignación. Rechazo a la cultura de la muerte. Esto implica amor a la vida que gozamos en la riqueza de sus múltiples dones (libertad, amistades, bellezas naturales, libros, música, cine….). Por lo mismo, abjuramos de todo aquello que atente contra la vida. Tanto en nosotros como en los demás y la cual también se manifiesta en la falta de pan, vivienda o salud… Vocación pacifista. Los artistas no somos guerreristas. En Honduras y en cualquier parte del mundo aborrecemos el tableteo de las ametralladoras. Condenamos el aniquilamiento de seres humanos aduciendo falaces argumentos (paz social, democracia, terrorismo…) mediante los cuales se enmascaran los intereses económicos de una minoría insaciable y sedienta de riqueza. Guerra a la guerra podría ser la divisa de nuestro accionar cotidiano. Amor a la libertad. Por esencia, el artista es un ser libertario. Ni en la vida ni en el arte aceptamos disposiciones arbitrarias. Rechazamos las cadenas al pensamiento y a nuestras palabras, canciones o pinceles. Por esta razón es rotundo nuestro No a la prepotencia e imposición implícitas en el golpe de Estado. Culto a la belleza. Especialmente, la que ha sido creada por el indomable espíritu del ser humano. Pero deseamos que la misma no sólo sea patrimonio de unos pocos. Anhelamos que los sectores hasta hoy marginados puedan disfrutar de la exquisitez de un libro de versos, de un buen concierto o de una buena pintura. Pero los bienes culturales (y materiales) no nos caerán del cielo. Tienen que ser conquistados mediante un reordenamiento global del sistema social en el cual vivimos. Es lo menos que podemos ofrecerle a la angustiada tierra en donde nacimos y cuando ya la sangre inocente ha empezado a empapar los caminos de esta hermosa «patria de la espera».

San Pedro Sula, 4 de agosto de 2009

sábado, 25 de julio de 2009

Delitos de lesa cultura. Helen Umaña




Desde el punto de vista antropológico, el término cultura se refiere a todas las manifestaciones de la vida material (sembrar maíz, por ejemplo) y espiritual (escribir un poema, elaborar una teoría científica o trazar un grafiti contestatario) de una determinada comunidad. Vivimos y respiramos, pues, dentro de una cultura específica y singular que marca nuestra manera de proceder: gusto por determinados alimentos; parámetros para valorar una película o una canción; manera de vestirse; preferencia por determinados deportes, etc. Ella nos proporciona, pues, una especie de sello o divisa que nos identifica o individualiza frente a los demás. Para el caso de Honduras, inclusive, tenemos que hablar de una realidad multicultural.

Pero hablando en términos generales, la cultura se liga indefectiblemente al concepto de identidad nacional. Esto, no como una condición cerrada o acabada, sino como proceso: algo que siempre se enriquece o se renueva. Inclusive, que se deteriora o destruye (la conquista española aniquiló, mutiló o cambió la cultura de los pueblos indígenas: los lencas, por ejemplo, perdieron su lengua y, con ella, aspectos vitales de su visión del mundo).

Cae de su propio peso, pues, la importancia que la Secretaría de Cultura tiene en la vida de una nación. Justamente, de sus políticas depende la formulación y puesta en práctica de programas destinados a conservar y enriquecer la riqueza espiritual del país. Sólo los políticos torpes desestiman la función de argamasa intelectual y afectiva que, en el pueblo, representan las manifestaciones artísticas, literarias, etc. Por esta razón, cuando se nombra un gabinete de gobierno, colocan, para «dirigirlo», a personas con las cuales tienen que cumplir algún compromiso político o personal pero que, del fenómeno cultural, ignoran sus aspectos más elementales.

El régimen de facto, además del gran traspiés con el nombramiento de su primer canciller (el de las célebres frases, perlas de la diplomacia catracha, como la frase racista dirigida a Obama), está dando otra muestra del nivel intelectual de sus funcionarios. En reciente comparecencia, Mirna Castro, flamante ministra de «cultura» —de ignorado curriculum en materia científica, artística o literaria—, ante las cámaras televisivas del mundo, evidenció que nunca en su vida ha abierto un libro: condenó como subversivas obras fundamentales del acervo literario del país. Probablemente, como lo hicieron Juan de Zumárraga y Diego de Landa cuando quemaron invaluables códices indígenas, pronto organizará una gran pira con obras de «indoctrinamiento», como las siguientes: Memorias y apuntes de viaje, Todos los cuentos y Anecdotario hondureño de Froylán Turcios; Soy extranjero y ando de paso de José Roy Castro; Estampas de Honduras de Doris Stone (hija de Samuel Zemurray, magnate de las bananeras); Honduras de Luis Mariñas Otero; La inconformidad del hombre de Alfonso Guillén Zelaya; La heredad de Marcos Carías Reyes (sobrino y secretario del general Tiburcio Carías Andino); Mundo de cubos de Nelson Merren; Obra poética escogida de sus manuscritos de José Antonio Domínguez; Panorama de la poesía hondureña de Óscar Castañeda Batres; Soñaba el abad de San Pedro soñaba y yo también sé soñar de José Cecilio del Valle; Sueños de Merce de Mercedes Agurcia Membreño y otros muchos títulos de similar prosapia y de reciente publicación. Quizá el diccionario de autores hondureños de José González la puede ilustrar respecto de quiénes fueron esos «peligrosísimos» autores que, con toda seguridad, deleitaron a muchos de nuestros padres o abuelos.

Lo anterior, en el fondo, es risible y equivale a las célebres frases del Dr. Enrique Ortez Colindres. Si destruye o confisca esos libros, todos se pueden reponer en futuras ediciones. Lo más grave radica en otras decisiones que afectarán directamente al patrimonio histórico del país. Así, el Centro Documental de Investigaciones Históricas de Honduras (en donde se guardan periódicos y documentos fundamentales para el investigador científico y para el público en general interesado en el tema) piensa asignarlo a los Militares Reservistas para que monten un centro de operación militar. Si no se actúa con celeridad (y un llamado a UNESCO es perentorio), pronto, la Hemeroteca y el Archivo Nacional pueden ser víctimas de un saqueo y destrucción sin precedentes. Para miembros (visibles o invisibles) del gobierno de facto es urgente «borrar» pruebas irrefutables de un reciente pasado nada limpio. No es casual que uno de los primeros actos de la Sra. Castro fue el despido de la historiadora Natalie Roque Sandoval, celosa guardadora de ese patrimonio cultural.

Asimismo, dentro de esa ominosa política de arrasar con la cultura hondureña, se inscribe la reciente destitución de la Directora del Libro y del Documento, la Lic. Rebeca Becerra, una de las poetas con mayor fuerza expresiva en la actual poesía latinoamericana. Ella realizó una labor editorial destacada y es la responsable de la publicación de libros como los mencionados. El «¡Muera la inteligencia!», grito de guerra de todos los fascistas que en el mundo han sido, empieza a resonar en los pasillos de casa de gobierno.

Nubes negras se ciernen, también, contra las casas de la cultura, acusadas, por la desinformada ministra, de ser centros que dañan al país porque sobre ellos planea la nefasta sombra de Hugo Chávez. Afortunadamente, se localizan en ciudades del interior del país y cada comunidad sabe qué actos se han llevado a cabo bajo su alero protector (presentaciones de libros; talleres de pintura; sesiones de cine; clubes de lectura…). En otras palabras, sabrán detectar la magnitud de la mentira oficial.

Con pesadumbre, constatamos que Honduras ha entrado a una etapa oscurantista cuyos precedentes se remontan a la década oprobiosa del ochenta. El gobierno de facto, en materia cultural, ha tirado por la borda los progresos alcanzados durante las dos gestiones del Dr. Rodolfo Pastor Fasquelle al frente de la Secretaría de Cultura. Al respecto, baste citar el trabajo encomiable, aplaudido internacionalmente, del Instituto de Antropología e Historia, dirigido por el Dr. Darío Euraque. No nos engañemos. Signos nefastos como los apuntados indican que estamos en el umbral de una auténtica inquisición cultural.

San Pedro Sula, 23 de julio de 2009

miércoles, 22 de julio de 2009

El golpe no nos dividió a los hondureños, ni menos Mel, si no el proceso de crecimiento concentrador y excluyente


Por Rodolfo Pastor Fasquelle

Tlaxcala


El golpe no nos dividió a los hondureños, ni menos Mel, si no el proceso de crecimiento concentrador y excluyente, que nos ha polarizado por medio siglo. Y la propuesta del Presidente Zelaya de enfrentar las contradicciones estructurales de ese modelo y de tomar conciencia y partido para el remedio eficaz de la miseria puso al descubierto una gran falla, entre las placas de la población que se han beneficiado y se han alienado en ese proceso (la burguesía vario pinta) y, de otro lado las mayorías marginadas, cada vez más frustradas, junto con los profesionales con compromiso ético y social y los obreros organizados que pueden vislumbrar un orden más justo. En las noticias que me llegan de allá prevalecen dos notas: confusión en todos los campos e indignación. La confusión profunda, en primer lugar de la pequeña burguesía, que ha caído en la trampa de la manipulación mediática, convencida de que apoya una gesta"contra el comunismo y la dictadura". Pobrecita. No sé si es redimible. Que ya era supersticiosa y ahora se ha vuelto rezandera compulsiva, como reflejo de su mala conciencia y del susto -supongo- porque no pueden dejar de intuir los insondables peligros que sacaron con los chafarotes y los geniecillos del mal de la Contracuarta. Invocando, contra el mundo entero, el liderazgo universal de Micheletti, la probidad y heroicidad de Vásquez Velásquez, la sana intención de sus empleadores, la bendición del Cardenal contra la condena fulminante del Papado y las incongruencias de esos falsos apóstoles contra la razón misma, contra el sentido común, la ficción oficial y mediática de que Honduras está unida con el golpe contra la manifestación cotidiana de lo contrario. Confusión también entre los nuestros que, para nada, previmos lo que otros llaman "un golpe anunciado", aunque sabíamos de la conspiración. Que no tomamos ninguna precaución. Y que andamos, dentro y fuera, como alelados, hablando babosadas acerca de cómo la comunidad internacional nos va a sacar de problemas, invocando argumentos legales en un país en que está totalmente colapsado el aparato de justicia desde antes, que vamos a una huelga general, descoordinados entre nosotros, viviendo del poema del día, y de las "mejores canciones" mientras ellos nos llevan presos, nos acosan, reprimen alas manifestaciones cuando les dan miedo. Los perversos se sienten seguros, los buenos cada vez más expuestos. Pasan las horas, se acumulan las condenas internacionales y se prolongan las marchas y la movilización, pero ellos siguen ahí, sólo ligeramente nerviosos y por la noche los nuestros regresan a los escondites o buscan uno nuevo.(Afortunados los que hemos escapado apenas). Por las calles rondan libremente Billy Joya y Carmona. En los despachos, se persigue inclementemente a nuestra gente. Se los acosa y despide. (Sin comprensión técnica de la materia, la peligrosa rubia Castro ha despedido, sin embargo, a casi todos los cuadros técnicos del ministerio). Está claro que estamos en desventaja. Y que la lucha tiene una fricción desgastante y en la medida en que demuestre ser ineficaz la reacción internacional sin precedentes también se esfuma en el vacío y en el doble juego de "hacer tiempo". La impotencia hay que reconocerla, la frustración y la confusión, pero no para rendirnos. La indignación hay que cultivarla y sobre todo hay que organizarla, para que se convierta en instrumento eficaz de lucha. Está pendiente todavía y seguirá por muchos días aun siendo urgente la movilización en la calle, aunque debe organizarse mejor. Y la bandera de lucha sigue siendo la inmediata restitución del gobierno legítimo. El Congreso se amnistiará como quiera. Mel debe regresar cómo sea, por dónde sea, a lo que sea. No se trata de un asunto personal, pero Mel personifica ese anhelo. Nadie más que él puede restaurar las condiciones bajo las cuales podemos volver a ser un país civilizado, debatir nuestras diferencias sin las tonterías prefabricadas de la ideología y el fundamentalismo y volver a recurrir a las urnas para resolver las contradicciones, y no a las armas. Fuente: http://cambiosencuba.blogspot.com/2009/07/las-urnas-o-las-armas.html Rodolfo Pastor Fasquelle es ministro de Cultura del gobierno constitucional de Honduras.

Las Organizaciones Culturales de Latinoamérica estamos de pié uniendo nuestras manos a las del pueblo hondureño





“Aún estoy vivo” .
Francisco Morazán . ¿Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes. Pablo Neruda


Los escritores, poetas y artistas de Latinoamérica y el mundo.
Decimos:

La resistencia popular al golpe del poder económico, político y militar en la nación centroamericana es heroica. La gente resiste pacificamente frente a tanques, fusiles, brutales palizas de la policía y los grupos paramilitares, organizaciones entrenadas en el Plan Cóndor y el siniestro intervencionismo imperial de los años de plomo en la región.

Escritoras y escritores, poetas y artistas de Latinoamérica estamos de pié uniendo nuestras manos a las del pueblo hondureño, sus escritoras y escritores, poetas y artistas, rechazando el golpe de Estado civico militar perpetrado contra el sistema democrático hondureño el pasado 28 de junio de 2009, que conllevó al secuestro y alejamiento de su patria del Presidente Constitucional Manuel Zelaya; la imposición del estado de sitio maquillado de toque de queda; la brutal represión desatada contra el pueblo de Honduras que resiste la dictadura; los asesinatos del periodista Gabriel Fino Noriega, el joven Isis Obed Murillo y del activista del Bloque Popular, Roger Bados; la militarización de los medios de comunicación y la censura a la libertad de expresión y la libertad de prensa, violaciones del elemental derecho a la información amparado por la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, suscripta también por Honduras; la continua y premeditada violación de los derechos humanos; el ejercicio pleno desde el poder de facto de la violencia física y psicológica contra el pueblo, con agresiones, persecuciones, amenazas, encarcelamiento y torturas;

Suscribimos el “Manifiesto 1” de los escritores, docentes, intelectuales y artistas de Honduras, emitido en las horas del golpe de Estado. uno de cuyos artículos declara:

Ante la brutal arremetida de las instituciones usufructuadas por una minoría económicamente todopoderosa, sus medios de manipulación y sus cómplices amanuenses en contra de esta propuesta es indispensable la unidad del pueblo para evitar que se imponga, una vez más, un fracaso histórico que va a sumirnos en la ignominia, la sumisión y la imposición de la misma democracia clasista y autoritaria a caballo sobre los partidos tradicionales y las oligarquías.

Decimos que junto al avasallamiento de todos los derechos del pueblo hondureño también se ponen en peligro todos los derechos de los pueblos latinoamericanos para determinar con libertad su propio destino.

Denunciamos que la instauración en el poder hondureño del dictador Micheletti y sus colaboradores está dando paso a la acción de grupos terroristas que intimidan, amenazan y persiguen luchadores de la resistencia democrática, y que el accionar subversivo que se ampara en las filas golpistas es el mismo protagonizado por militares y paramilitares que en los años 70 y 80 conformaron los aberrantes escuadrones de la muerte.

Exigimos el inmediato restablecimiento del presidente Manuel Zelaya Rosales y una contundente acción judicial - de las cortes nacionales e internacionales-, que echen luz sobre el proceso golpista, sus mentores, partícipes y colaboradores, y todas y cada una de las responsabilidades que a estos competan por las violaciones a la Constitución de Honduras, a los derechos humanos y particularmente por los asesinatos cometidos bajo la dictadura.

“La soberanía reside en el pueblo”

También decimos que el pueblo de Honduras tiene derecho a discutir y reformular su Carta Magna, a vivir con dignidad y justicia y a forjar su propio destino; que las naciones no son el coto de caza privado de los selectos grupos de poder ni pueden sobrevivir arrodilladas a los mandatos de los poderosos de mundo; que cada hondureña y cada hondureño son artífices de su propio futuro y sólo ellos deben decidirlo sin intervenciones de organismos internacionales que no siempre observan el interés de los pueblos.

Demandamos el cese del toque de queda, el pleno ejercicio de la libertad de expresión y de tránsito, la libertad inmediata de los detenidos, el respeto a la vida y a la integridad física de cada hondureño y de los miembros del Gabinete Ministerial y familiares del Presidente de Honduras y el reposicionamiento en sus puestos de los trabajadores y funcionarios cesanteados o suspendidos por los burócratas golpistas.
Recordamos que la Constitución de Honduras establece en su Artículo 2 que la suplantación de la soberanía popular y la usurpación de los poderes constituidos son tipificados como delitos de Traición a la Patria y su responsabilidad es imprescriptible.
Exhortamos a los gobiernos latinoamericanos y del mundo entero a asumir con firmeza el respeto a la voluntad soberana del pueblo hondureño, no reconociendo, por ningún motivo, a los usurpadores de las funciones que le corresponden únicamente al presidente Zelaya.
Hacemos un llamado a mantener, profundizar y fortalecer la unidad y la integración del pueblo latinoamericano, a fin de prevenir y evitar todo intento golpista en cualquier país de nuestra Patria Grande.

Llamamos a todos los escritores, poetas, intelectuales, artistas del mundo, y sus organizaciones representativas, a sumar su solidaridad y estrechar fraternalmente la causa de la libertad, la democracia y la soberanía del pueblo hondureño.

19 de julio de 2009. Firman:
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SECh: Sociedad de Escritores de Chile
Festival Internacional de Poesía de La Habana.
Festival Internacional de Poesía “Palabra en el mundo”
Revista de poesía Isla Negra
Asociación de Escritores de la Costa Norte de Honduras

Primeras adhesiones:
Jorge Martínez Mejía, Karen Mayela Valladares: Poetas del Grado Cero
Mario Gallardo, Narrador y Crítico de Literatura, Honduras
Marco Antonio Madrid, Poeta, Honduras
Gustavo Campos, Revista Mimalapalabra, Honduras
Armando García, Narrador, Honduras
Birgitta Jónsdóttir, Islandia, Member of the Icelandic Parliament for the Civic Movement, poet and activist.

Claudia Korol, Argentina, revista América Libre.

Carlos Carbone, Argentina, poeta.

La Bodega del Diablo, Argentina, revista literaria.

Festival de poesia en la Montaña, Rep. Dominicana.

Encuentro Internacional de Poetas "El turno del ofendido" de El Salvador

Taty Hernandez, poeta, República Dominicana

Ingrid Storgen: comunicacora social.

Miguel Sotomayor, Cuba, poeta.

Juan Nuñez, escritor, Argentina

Rannel Báez, Honduras

Nélida Martinelli, poeta, Buenos Aires, Argentina

Daniel Montoly, Escritor dominicano residente en Estados Unidos.

Rubén Derlis, Argentina
José María Pallaoro, City Bell, Argentina

Ildefonso Finol, Centro Antiimperialista Simón Bolívar, Coordinador General

Olivier Herrera Marín, escritor, España

Rosina Valcarcel, poeta, Perú

Julio Rudman, periodista, Argentina

Francisco Azuela, poeta y escritor, México

César Bisso, poeta, Argentina

Dr. Julio Cuevas, escritor, Universidad Autónoma de Santo Domingo-UASD.-

Norma Segades, Argentina, Movimiento Internacional de Escritoras "Los puños de la paloma"

Ana Silvia Mazía, traductora, Argentina

Alexis Díaz Pimenta, España, Proyecto Oralitura

Enrique Llopis, músico, Argentina

Eduardo Nogareda, poeta y comunicador radial, Uruguay.

Enrique Llopis, músico, Argentina

Eduardo Nogareda, poeta y comunicador radial, Uruguay.

Junta Editora de la Revista Exégesis, Puerto Rico
Junta Directiva del Festival de Poesía en Puerto Rico (FIPPR)

Juana García Abás, escritora, Cuba

José Luis Fariñas, pintor y escritor, Cuba

Eduardo Lucio Molina y Vedia, escritor y periodista argentino residente en México

Tania Nesterovsky, poeta. Venezuela - Canadá.

Asociación Solidaridad Latinoamericana ( Asolatino),Berna, Suiza.

Alexis E. Robles. Poeta, Panamá, Panamá

Gregorio Echeverría, Escritor, Argentina

Dra Marta Raquel Zabaleta , Economista, investigadora, poeta

María Montserrat Bertrán, Bs As Argentina

Pablo Marrero, escritor, Argentina

teatro de Títeres "Las Bestias Peludas”, Alejandro Seta y Cristina Ledesma, Argentina

Gustavo Pereira, poeta, Venezuela

Santiago Bao -Argentina, escritor y poeta

Yvan Silen, poeta, Puerto Rico

Casimiro de Brito, Poeta e Escritor, Lisboa, Portugal.

Proyecto Cultural SUR-San Juan
Portal digital Identidad sanjuanera
Proyecto Cultural SUR-Montreal
Proyecto Miércoles de Poesía de Costa Rica

Oscar Peretto, músico.

Rivista di letteratura Isola Nera, Giovanna Mulas, escritora, Italia.

Paulina Vinderman, poeta, Argentina.

Máximo Kinast Aviles, escribiente panfletario, Chile

Carmen Rita Centeno, escritora, Puerto Rico

Miguel Ángel Cruz (lobo), Partido de los poetas, Argentina

Alfons Velis Tobar, poeta y escritor, Canadá/ El Salvador

Colectivo Creativo de Comunicaciòn-Cultura "Los Ojos de la Mente", Argentina.
Escritores que se sumaron a la declaración "Democracia para Honduras" inciada por la SECH:

Raúl Zurita, Poli Délano, Arturo Corcuera, Jaime Quezada, Jorge Boccanera, José María Memet, Cristina Larco, Edmundo Moure, Reynaldo Lacámara, Gregorio Angelcos, Víctor Sáez, Alfredo Lavergne, Jorge Montealegre, Malú Urriola, Pía Barros, Florentino Carreño, Iris Fernández, Ximena Troncoso, Mauricio Barrientos, Rosa Alcayaga, Estela Socias, Marcelo Lira, Jorge Etcheverry, Ángela Montero, Amaro Labra, Gladys Muñoz, Renzo Rosso, Ligia Uribe, Carlos Ordenes Pincheira, Astrid Fugellie, Yolanda Duque, Cecilia Palma, Horacio Eloy, Omar Cid, Norton Contreras Robledo, Luis E. Aguilera, Jorge Bousoño, Guido Eytel, Ingrid Odgers, Gabriel Impaglione, América Comparini, Rocío L`Amar, Ulises Rodríguez Zamarripa, Moira Brncic, Galel Cárdenas, Ali Khadaoui, Driss Allouch, Paola Valverde, Luis Arias Manzo, Eduardo Robledo, Rafael Rosado, Siboney del Rey, Nina La Porta, Carlos Benitéz Villodres, Vilma Reyes Díaz, Paulo Monteiro, José Pablo Quevedo, Ernesto Joaniquina Hidalgo, Virginia Vidal, Edmundo Moure, Guillermo Bown, Raquel Flores, Mario Cabrera, Lucyna Yánez, Leonel Ampuero, Dennis Ávila Vargas, Paola Valverde Alier, Norberto Salinas Ollé, Eugenio Redondo, Etnairis Rivera, Marcela Sojo, David Robinson, Diogenes de Sinope, Ruth Baltra Moreno, Mairym Cruz-Bernal, Elizabeth Cazessus, Adriano Corrales Arias, César Guisado, Teresa Calderon, Yevgeny Yevtushenko, Patricio Manns, James Cockcroft......

Adhesiones al manifiesto por Honduras de Palabra en el Mundo:

Tito Alvarado, poeta, Chile

Alex Pausides, poeta- Festival de poesia de La Habana- Cuba

sábado, 18 de julio de 2009

El miedo a una palabra de dos letras


Por Helen Umaña

El 28 de junio venía de Guatemala con el único y exclusivo propósito de votar a favor de la cuarta urna. Veía, en ésta, la posibilidad concreta de un cambio hacia senderos de beneficio colectivo. Era el camino para modificar, con el consenso de todos los partidos políticos y de una amplia difusión y discusión (a través de los medios de comunicación, foros, comentarios, etc.), una Constitución cuyas lagunas son evidentes. La ciencia dice que nada es estático y que todo lo hecho por el ser humano es susceptible de perfeccionarse. Manejar que la cuarta urna lo que pretendía era la reelección de Mel ha sido la distorsión más grande en la historia política del país. La hipotética Constitución se redactaría ya cuando Mel hubiese dejado de ser presidente. Su elaboración estaría, pues, en manos de diputados elegidos por quienes se acercasen a votar. De ahí que la propuesta de la cuarta urna prendiese, con tanto entusiasmo, en la voluntad de los sectores históricamente marginados: campesinos, obreros, grupos étnicos…

Por esa razón, cuando en el bus que me traía de Guatemala me enteré del golpe de Estado, el impacto emocional fue intenso. En esencia, abortar, con alevosía, la semilla de lo que pudo ser un encaminar al país por senderos de equidad y justicia. Darle un golpe de muerte a la posibilidad de un sueño factible: la construcción de una sociedad en donde, no como varita mágica sino como proceso de ardua construcción, se empezasen a solventar las necesidades más urgentes de comida, salud, educación y vivienda para la mayoría. Mel había dado el primer paso. Impedírselo, con el golpe de Estado, fue como abrir la puerta para llevar al país a una espiral de violencia cuyas consecuencias ya se empiezan a sentir: secuestros, asesinatos políticos y persecución a los disidentes. Una realidad que ya se ha instalado en el horizonte de la patria. Al amparo de la nocturnidad y la falta de energía eléctrica, la captura del artista de la caricatura Allan MacDonald (con todo y su hija de diecisiete meses); los asesinatos de Isis Obed Murillo (en el aeropuerto de Toncontín) y de Róger Ivan Bados González y Ramón García, miembros del partido Unificación Democrática (UD) son ominosas señales del abismo hacia el cual Honduras se encamina. A menos que prevalezca la sensatez (que pasa necesariamente por el restablecimiento del Estado de derecho), no es aventurado vaticinar que se está a las puertas de una vorágine social sin precedentes: la reactivación de la tenebrosa Doctrina de la Seguridad Nacional y, como lógica respuesta, la adopción de formas de lucha que llevan consigo incalculables cuotas de dolor y sangre. Una factura que, a la postre, pagará la sociedad en su conjunto. Al respecto, la historia de la humanidad es un espejo en el cual los sectores dominantes del país —por su inveterada miopía— todavía no se han visualizado.

La pesadilla que se repite. El protagonismo de las botas. Las imágenes de los militares apuntando, en posición de combate, a humildes mujeres, a jóvenes imberbes y a personas desarmadas son devastadoras. En Toncontín…, el sonido de las balas. El huir alocado de la gente. El ulular de la ambulancia. El cuerpo frágil sostenido por manos solidarias... Un revivir la estela de sangre y terror que han dejado en Latinoamérica los ejércitos nacionales. Ratificar que el monstruo sigue vivo, agazapado, listo a dar el salto y el zarpazo cuando los grandes consorcios internacionales y sus socios nacionales así lo indiquen. Desde siempre, el brazo armado del poder económico. Y, en niveles de alta graduación, ellos mismos convertidos en poder económico que actúa en defensa de sus intereses.

El contubernio iglesias-poder político. Es indignante el espectáculo de los pastores evangélicos y de la alta jerarquía católica encabezando y bendiciendo las marchas de la oligarquía. Con falaces mensajes bíblicos, violentando las conciencias para llevarlas a la posición política que les permitirá seguir medrando a la sombra de sus iglesias, no casas de oración, sino auténticos emporios económicos. Complementado, todo, con otro bochornoso espectáculo: en un Estado constitucionalmente laico, los «honorables» diputados y sus testigos de honor (Custodio, Aguilar Paz, Leitzelar, Mauricio Villeda, Irma Acosta de Fortín…) agarrándose las manos e inclinando la cabeza, pronunciando una oración en el momento mismo en que, enarbolando una falsa carta de renuncia, ratificaban su traición y consumaban el golpe de Estado.

La guerra mediática. En los meses precedentes al golpe de Estado, la oposición a Mel Zelaya llegó a niveles jamás vistos. Quizá, en ninguna parte del mundo, un periodismo como el hondureño. Especialistas en sesgar y manipular la información. Todos los días mintiendo flagrantemente. Conductores de programas radiales y televisivos moviendo la noticia hacia el lugar en donde sopla el dinero. Tergiversando los hechos para confundir al receptor. Al día siguiente del golpe, desde Radio América, llamando a encauzar el país por las vías de la «normalidad»: «Preséntense en las fábricas, en los negocios…»; «Dejémosle la política a los políticos y que los niños y maestros vuelvan a la escuela, los obreros a sus fábricas…»; «Aquí no ha habido golpe de Estado…»; «Aquí todo es normal»; «Es necesario producir…». En otras palabras, producir para seguir llenando los bolsillos de la minoría… La infamia revestida de amor patrio.

La ambigüedad e indiferencia de la máxima casa de estudios. Duele el comunicado gallo-gallina de las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, institución, en horas más lúcidas, a la vanguardia del pensamiento progresista y democrático. ¿Dónde el análisis de la crisis social y política? ¿Dónde el comunicado orientador para un pueblo carente de instituciones que salvaguarden sus intereses? ¿Cómo puede hablarse de vinculación universidad-sociedad si se evade el compromiso del análisis y del mensaje clarificador? ¿En qué momento se extravió el rumbo de la dignidad?

El manipuleo lingüístico. Desde la espuria sesión del domingo cuando se nombró presidente a Micheletti, éste insistió en que no era un golpe de Estado y lo llamó «un acto de sucesión presidencial». El lenguaje designa realidades y, en función social, no es un instrumento de uso antojadizo. Como se lo hizo ver un corresponsal español, cuando un contingente armado asalta la casa del presidente; lo secuestra y lo envía, contra su voluntad, a Costa Rica, eso sólo puede llamarse golpe de Estado. Aquí y en cualquier parte del mundo. Por más que los medios, los funcionarios y los diplomáticos desleales, mentirosos y oportunistas repitan las palabras del usurpador. El inútil querer tapar el sol con un dedo. La comunidad internacional y el pueblo, que no es el ignorante que muchos creen, lo saben.

El papel de comparsa a que se redujo la querida figura de Ramón Custodio, ¡a quien tanto debo en lo personal!, pero a quien, por respeto a mi propia conciencia, tengo que referirme al haberlo visto en el más triste papel de su carrera! ¡Que es mejor que a Mel lo hayan enviado a Costa Rica ya que, por lo menos, está vivo!, dijo. La cuestión de fondo es el acto ilegal que con él se cometió. Eso era lo que había que condenar. Nunca, con su presencia (es el Comisionado Nacional de Derechos Humanos), avalar la monstruosidad jurídica perpetrada contra un presidente legítimamente electo. Y, como broche de oro: afirmar que eran balas de goma las que usó el ejército la tarde en que, violando la Constitución, vedaron el aterrizaje de Mel en Toncontín. De goma, pero acabaron con la vida de un joven de diecinueve años. (¡Con una humilde «burrita» aguantó las largas horas de espera con un único propósito: vitorear al presidente en el cual había cifrado la esperanza de un mañana mejor! Su pequeña pero gran odisea desde su remoto pueblo y las palabras de su digno padre explicando sus móviles son signos entrañables que hablan de ilusión en un futuro más humano y más digno… , pero también de sueños rotos por la brutalidad represiva…).

En un pueblo hambriento (hace pocos días una campesina, como no había dinero para comprar maíz, para fabricar tortillas, echó mano del que ya estaba «curado» para la siembra; resultado: tres hijos en el hospital y el de cinco años, en el cementerio), en donde el abismo entre ricos y pobres cada vez se hace más profundo y que, por lo mismo, no es cuestión de borrarlo con abrazos de paz y de reconciliación de la «familia hondureña», según cantan los defensores del golpe, la cuarta urna era una opción para intentar cambios positivos. Nunca, al pueblo llano (ese que es marginal y vive en los bordos y en los barrancos de la miseria), se le había dado la oportunidad real de expresar su sentir. Y, con el «Sí», la posibilidad de mejorar un instrumento (una nueva Constitución) que guiase la vida futura de la nación. Lo reiteramos: todo es susceptible de perfeccionarse. Máxime tratándose de la Carta Magna en donde las cuestiones son trascendentales en la cotidiana construcción de la república. Pero los sectores de poder (especialmente la clase política enquistada en el Congreso y que ha esquilmado el erario a través de las grandes erogaciones que se les otorgan a los diputados, supuestamente para obras de beneficio en sus comunidades) le temieron a la avalancha de un «Sí» popular. Sospecharon —con razón— que podía representar el fin de sus incalculables dividendos. El golpe de Estado fue su manera torpe y desesperada de oponerse a la incontenible marea humana que cada vez es más consciente de sus verdaderos intereses y de la mejor forma de defenderlos. Para muestra, una consecuencia inmediata: en un santiamén se hizo añicos la base social de los partidos políticos responsables de la acción delictiva.

Estamos, pues, frente a estatuas con pies de barro. Su desmesurada reacción ante la crucial pregunta de la encuesta abortada revela su debilidad. Son poderosos y se amparan en las múltiples redes nacionales e internacionales que propicia el dinero…, pero le temen al pueblo. Saben que éste es mayoría y que, en justa lid, ellos llevan las de perder. Esa es una de las grandes lecciones que, de estos días trágicos, se debe extraer. Aunque lenta, la rueda de la historia nunca se detiene.

Desde hace treinta años, sólo he escrito sobre arte y literatura. Pero la ruptura del orden constitucional y el descaro con que actuaron Micheletti y sus socios golpistas me sacaron de la voluntaria torre de marfil. Las alucinantes imágenes de esa sesión grotesca en que se le dio un golpe de muerte a la débil democracia hondureña me han confirmado que el artista y el intelectual no pueden esconderse en una pretendida neutralidad. Tratándose del bienestar colectivo no hay apoliticidad que valga. El silencio equivale a aquiescencia y complicidad. Por lo tanto, tomo partido. En los momentos decisivos —cuando está en juego el devenir de los años futuros en Latinoamérica— a lo estético, se sobrepone la opción ética. Y ésta me dice, con claridad meridiana, de qué lado están la razón y la justicia.

Mis palabras no pretenden formular un análisis de la situación (para eso están los sociólogos y politólogos). Pero externar mis sentimientos es una necesidad vital y perentoria. Por un lado, un profundo dolor por el cúmulo de signos negativos que saturan el ambiente. Por el otro, la esperanzada convicción de que los sectores marginados, aún con tropiezos y dificultades, siempre encuentran la ruta hacia mejores derroteros. Nunca camina en reversa la rueda de la historia.

San Pedro Sula, 30 de junio- 14 de julio de 2009.

viernes, 17 de julio de 2009

Con despeñados lagos en los dedos y la piel renegrida por el sol, el pueblo hondureño persiste en su lucha de resistencia por veintiún largos días



Con despeñados lagos en los dedos y la piel renegrida por el sol, el pueblo hondureño persiste en su lucha de resistencia por veintiún largos días desde el 28 de junio. Esta épica sólo empieza a tener parangón con la Gran Huelga de 1954 cuando el país fue paralizado por los obreros de las bananeras. Pero en esta ocasión las cosas son distintas aunque el fondo sigue siendo el mismo. Las extenuantes caminatas y la incomodidad de las calles en pleno verano hacen de estas jornadas las más importantes de América Latina. En nuestro patio, en nuestras calles, en nuestras carreteras y en nuestras ciudades no sólo se juega el destino de Honduras, sino, de manera evidente, el destino democrático de América.

Las momias de la derecha asesina han despertado y ya empiezan a cobrar la sangre viva de nuestros pueblos en su afán de mantenerse con vida. Las organizaciones populares de América, Europa, Asia y África se han identificado solidariamente en esta coyuntura tan especial y todos los ojos del mundo miran la vergüenza de los sátrapas y la valentía y dignidad de los hondureños. Las fronteras de los pueblos hermanos de Nicaragua y El Salvador han sido cercadas por miles de trabajadores que también sufren la escena en que al pueblo hondureño le han arrebatado de las manos su camino a una democracia más activa y participativa.



La capital hondureña ha sido cerrada por una humilde pero enardecida multitud que cada día alimenta la esperanza de volver a encontrarse con su presidente. En la ciudad de San Pedro Sula, la Coordinación de la Resistencia Hondureña Contra el Golpe de Estado, no ha cejado en su inquebrantable afán movilizando las bases de las organizaciones populares y pobladores de los barrios más populosos. El objetivo claro es golpear a la industria y al comercio para cobrarles el golpe donde más les duele. El bloqueo persiste en toda la línea de la Carretera Panamericana que une a Tegucigalpa, San Pedro Sula y Puerto Cortés; lo mismo que San Pedro Sula con la salida occidental en el departamento de Ocotepeque.

A pesar del sacrificio de abandonar sus viviendas, sus pertenencias y esforzarse en jornadas completas de dos días ocupando la mayor parte del tiempo caminando y manteniendo plantones, mítines y asambleas de organización de los siguientes movimientos, lo que implica un agotamiento increíble; el Frente de Resistencia no manifiesta ningún cansancio moral. El crecimiento del movimiento y el desarrollo de una madurez e inteligencia para la acción organizada de enormes masas de población que funcionan como un solo cuerpo, llenan de expectativas a este novedoso e inédito proceso de transformación política en Honduras.

La consolidación de valores de identidad, solidaridad, lealtad, humildad y obediencia, auguran un creciente fortalecimiento. No obstante, el encuentro del presidente Manuel Zelaya con el pueblo en Resistencia parece ser el paso que definirá de manera irreversible esta lucha por la que todos estamos dispuestos a ofrendar lo único que nos queda: Nuestra vida.