viernes, 17 de julio de 2009

Con más moral que nunca nuestro pueblo se alza...y ya se siente la cercanía de nuestro presidente Zelaya



En la Costa Norte de Honduras, este glorioso día 16 de julio ha servido para encontrarnos con miles de campesinos, aguerridos y pequeños hombres y mujeres de rostro curtido por el sol que han llegado desde los más recónditos rincones del país para inyectarle moral a la RESISTENCIA. Muchos cantaron por primera vez las consignas "¡Viene Mel, viene Mel, viene Mel" y gritaban con gran entusiasmo "El pueblo,unido, jamás será vencido"...Eran más de veinte mil personas apostadas en la pista principal de la Zona Industrial más importante del país, ubicada en la ciudad de Choloma, en el norteño departamento de Cortés. Desde las 9:00 a.m. se apostaron en la carretera deteniendo el tráfico pesado de la industria y el comercio mientras las mujeres iban y venían recogiendo víveres, preparando alimentos, y haciendo miles de labores humildes para resistir los casi 40 grados de temperatura aumentados por la plataforma de más de dos kilómetros de asfalto. Un enorme entusiasmo se respiraba al interior del extraordinario mitin, interrumpido en ocasiones por el ruido de los rasantes aviones F5 que volaban sobre nuestras cabezas. "Quién dijo miedo?", se preguntaban, y la multitud respondía "Nadie". "¿Entonces?", preguntaba la voz, "¡Adelante, adelante, adelante, que la lucha es constante". Por algunos radios transistores se escuchaba la única radio que transmite las noticias de la resistencia en la costa, Radio Progreso, en la que un campesino apostado en la carretera Panamericana, en el occidente del país, exclamaba con vehemencia: "Si quieren sangre...pues sangre van a tener porque nuestro pueblo está cansado de que lo quieran tener sumergido en la corrupción, en la pobreza y en la miseria. Nosostros somos el Soberano, nosotros queremos de nuevo a nuestro presidente Zelaya". A las seis de la tarde, los líderes de la Resistencia pidieron a los compañeros concluir la faena de la toma para descansar y continuar al día siguiente. Una llovizna suave caía refrescando la tarde cuando se dispersaron a distintos lugares. Más noche evaluaron el evento con enorme esperanza, como si en aquellas actividades les fuera la vida. Nuestro pueblo resiste y su moral crece. Casi nadie transmite ni informa lo que sucede. Sabemos que estamos en paro en todo el país, pero no sabemos como van nuestros hermanos en los otros extremos del territorio.

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